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Estamos
ante una de las celebraciones con más solera que tienen
lugar todavía en España, no obstante la Cofradía
de la Santísima Trinidad es una de las agrupaciones castellanas
de más antigüedad documentada. Tenemos que remontarnos
hasta mitad del siglo XII para encontrarnos con uno de los hechos
que marcaron el devenir de Castilla y que tuvo lugar aquí,
en Atienza. Está catalogada como Fiesta de Interés
Turístico Nacional.
Habiendo heredado Alfonso VIII el trono de Castilla muy joven,
con tan solo cuatro años, su tutela se la disputan dos
familias muy influyentes, los Castro y los Lara. Aunque Sancho
III en su testamento señala a los Castro como tutores
de su hijo, serán los Lara quienes mediante una estratagema
mantengan al niño en su poder. Los Castro solicitan la
ayuda del Rey de León Fernando II quien, posiblemente
viendo la oportunidad de gobernar en ambos reinos, entró
en Castilla al frente de un ejército para apoderarse
del pequeño Alfonso. Éste es sacado de Soria y
llevado por Pedro Núñez de Fuentearmegil a Atienza,
una de las villas mejor fortificadas del reino, que no tardará
en sufrir el cerco al que le someterán las tropas leonesas.
Dice la tradición que, ante el peligro que suponía
el asedio leonés, el pequeño rey fue sacado de
madrugada de la villa escondido entre un grupo de arrieros que
lo llevaron hasta Segovia y posteriormente a Ávila donde
quedó a salvo.
Desde entonces los miembros de la Cofradía de la Santísima
Trinidad, heredera de la antigua cofradía de arrieros
y popularmente conocida como de la Caballada, recuerdan
el hecho a lomos de sus caballerías ataviados a la antigua
usanza y al son de la gaita y el tamboril. Todos los domingos
de Pentecostés desde la mañana temprano, cuando
la comitiva atraviesa el pueblo camino de la ermita de la Estrella,
hasta el atardecer, en que tendrán lugar las carreras
entre ellos, los cofrades irán cumpliendo con la tradición
escrupulosamente. Los hermanos siguen al pie de la letra unas
ordenanzas que cuentan con siglos de antigüedad, no obstante
las multas impuestas por el Prioste a los cofrades se hacen
en forma de celemines de trigo, libras de cera o cuartillos
de vino. El día anterior se celebra el "sábado
de las siete tortillas", y en la ermita de la Estrella
los hermanos cofrades se reúnen alrededor de la mesa
para degustar las siete tortillas, que según dice la
tradición son las jornadas que duró el viaje hasta
poner a salvo al Rey. El número siete es un número
por otra parte muy simbólico y está presente en
multitud de hechos y construcciones de la Edad Media. |
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