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Esta
era la antigua Tithya, enclave arévaco
y uno de los puntos de resistencia celtíbero en las
guerras contra los romanos, al caer Numantia y Termantia
cayó Tithya. En el cerro del Padrastro y en el actual
castillo tuvieron sus poblados, habiéndose descubierto
en la vega de la Bragadera sus necrópolis. Aunque
algún autor sitúa a la tribu de los titos
en estas tierras, por similitud fonética es de suponer,
lo cierto es que los titos habitaban la zona en la que actualmente
se juntan las provincias de Zaragoza y Guadalajara más
o menos. Si bien durante la posterior romanización
no se tienen apenas noticias de Atienza sí se sabe
que siguió habitada por los restos que se han ido
encontrando. Todavía queda en pie una fuente del
siglo II en la parte baja del pueblo. La verdad es que teniendo
en cuenta la pobreza de la tierra y la dureza del clima
es de entender que los foráneos no se fijaran demasiado
en estos pagos para su establecimiento en ellos, no obstante
sí que se mantuvo la escasa población autóctona
que ya poblaba la zona con anterioridad. Más o menos
vino a ocurrir lo mismo durante la época visigoda
ya que tampoco se tienen noticias escritas de Atienza, pero
si que han aparecido objetos de ese periodo, depositados
algunos de ellos en los museos de la villa.
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| En
las décadas siguientes al desembarco musulmán
en Hispania es probable que la vida en Atienza transcurriera
con la normalidad que se supone en un pequeño pueblo
sin apenas importancia, sin más presencia musulmana que
la de alguna pequeña guarnición militar instalada
en el cerro del castillo. Que la población de Atienza
durante esos años siguiera siendo la autóctona
o mayoritariamente cristiana viene a suponerse por el hecho
de que a principios del siglo X, en una incursión en
zona musulmana, el rey Alfonso II tomara la villa sin que se
le ofreciera resistencia. La dificultad de mantener este enclave
tan lejos de territorio cristiano hizo que después de
un tiempo lo abandonaran. Quizás después de este
hecho los musulmanes se empezaran a tomar más en serio
la defensa de este enclave, aunque en el siglo siguiente volvieran
las tropas cristianas a tomar el pueblo. En uno de esos intentos
salió derrotado el conde Fernán González
frente a Al-Hakam, y tuvo que ser su hijo García Fernández
el artífice de la toma años después, pero
a finales del siglo X Almanzor la recupera arrasándola.
Aún volvió a pertenecer al Condado de Castilla
años más tarde cuando el nuevo califa de Córdoba
Sulaymán entrega al conde Sancho Garcés algunas
de las fortalezas que perdió su padre a manos de Almanzor,
entre ellas las de Gormaz y Atienza, en agradecimiento al apoyo
que le prestó el conde castellano para acceder al califato.
Su situación estratégica hizo de ella una pieza
codiciada para ambos bandos, resultando de vital importancia
su posesión para unos y otros. Cuando Atienza pasa definitivamente
a formar parte en el siglo XII del ya por entonces Reino de
Castilla, seguirá ejerciendo la función de puntal
estratégico en el empuje de las tropas cristianas hacia
la submeseta sur. |
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Rodrigo
Díaz de Vivar, el Cid Campeador, pasará por
Miedes y por Atienza, la "peña muy fuert",
camino del destierro como así aparece en el Cantar.
También esta comarca vivirá otro episodio del
Cantar de Mío Cid, concretamente el de la afrenta de
Corpes, que tuvo lugar en las cercanías del pueblo
de Robledo de Corpes.
Con la incipiente repoblación y el impulso constante
ejercido por Alfonso VII en forma de fueros y territorios
comenzó el crecimiento demográfico y comercial
de la extremadura castellana, que hasta entonces había
permanecido prácticamente despoblada. Organizados generalmente
en comunidades de villa y tierra, los distintos concejos se
dotan de los mecanismos necesarios para su propio gobierno,
funcionando de un modo sorprendentemente democrático
en el que el fuero venía a ser algo así como
una especie de contrato entre el rey y los miembros del Común.
El Fuero de Atienza, concedido en el año 1149, no se
conserva hoy día pero se sabe de su existencia por
las referencias que de él se hacen en otros fueros.
Los límites de la Tierra de Atienza se extienden hacia
el sur hasta las márgenes del río Tajo y el
Reino de Toledo, lindando por el este con la Comunidad de
Medinaceli y la Episcopalía de Sigüenza, hacia
el oeste con la Tierra de Ayllón y el Reino de Toledo,
y por el norte con las Comunidades de Caracena, Gormaz y Berlanga.
Un territorio extensísimo como podemos comprobar y
que se viene a corresponder con casi un tercio de la actual
provincia de Guadalajara, más zonas que ahora pertenecen
a la provincia de Soria. Componían la Comunidad de
Atienza un total de 131 aldeas que han llegado hasta nuestros
días, más 98 despoblados, que suponían
una extensión de 2552 Km cuadrados. Pero este extenso
territorio irá menguando hacia el norte con el paso
del tiempo, debido sobre todo a las donaciones en forma de
territorios que hacía el rey a los distintos nobles
por servicios prestados y a la creación de nuevos comunes.
Durante esta época serán las milicias concejiles
las que lleven el peso de la reconquista hacia la submeseta
inferior, y entre ellas las de Atienza, que serán las
artífices de la toma de Cuenca en el año 1177
y cobrarán posteriormente renombre en las Navas de
Tolosa junto a las milicias concejiles de Sepúlveda
y las tropas navarras.
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Atienza
disfrutará a lo largo de estos siglos, hasta finales
del XIV más o menos, de una gran prosperidad. Se convierte
en una villa semi-urbana que llega a contar con 14 iglesias,
todas ellas románicas, y cuya población se estima
pudiera estar entre los 6.000 y 8.000 habitantes. El oficio
de la arriería cobrará muchísima importancia,
debido sin duda a los muchos privilegios otorgados por los
distintos reyes a los arrieros atencinos. Estos arrieros entraron
a formar parte de la historia de Castilla cuando allá
por el siglo XII salvaron al rey niño Alfonso VIII
de caer en manos del Rey de León sacándolo de
Atienza camuflado bajo el capote de uno de ellos, evitando
de esta forma que el monarca leonés se hiciera con
el reino castellano. Los dos cinturones de murallas con los
que contaba Atienza la hacían una de las villas mejor
fortificadas. La importancia económica y la prosperidad
de la que disfrutó Atienza es corroborada por la presencia
de una judería de tamaño bastante considerable.
Actualmente
no queda nada de aquel barrio, salvo restos de la muralla
que lo rodeaba y parte de algún torreón.
En 1369 el rey Enrique II premió al mercenario bretón
Bertran du Guesclin entregándole las villas de Atienza,
Soria y Almazán, además del Señorío
de Molina.
El siglo XV verá el comienzo del declive tanto económico
como demográfico de toda la Tierra de Atienza, como
ocurrirá también en otras zonas de lo que posteriormente
se conoció como Castilla la Vieja. Fue ocupada por
los ejércitos de Navarra al mando de Rodrigo de Rebolledo
en la Guerra de los Infantes de Aragón. Juan II y su
valido Álvaro de Luna la sitiaron varios meses con
un poderoso ejército sin conseguir expulsar a los navarros,
por lo que tomaron la determinación de incendiar la
villa quedando desde entonces destruida gran parte de ella.
La fortaleza siguió en poder navarro algún tiempo
más, hasta que a cambio de una elevada suma de dinero
Enrique IV logró que la abandonaran.
A partir de entonces, ya reunificados los territorios hispánicos,
excepto Portugal, bajo el mandato de los Reyes Católicos,
Atienza verá correr el paso del tiempo sin pena ni
gloria convertida todavía en centro comarcal semi-urbano,
y quedando desde entonces su Tierra muy mermada por las donaciones
y usurpaciones señoriales. Sigüenza será
la beneficiada por la importancia que desde entonces tomará
el corredor Jalón-Henares, en detrimento de los enclaves
estratégico-militares como Atienza que hasta entonces
habían ejercido esa función por la cercanía
con el reino aragonés. Su distribución a partir
del XVI será prácticamente la misma que la de
hoy en día, es decir, dividida en los cuatro barrios
de San Gil, Puertacaballos, el de la Plazuela y el de la Plaza.
La torre de la fortaleza será usada como prisión
para personajes de la alta política en diversos momentos,
y entre sus huéspedes se cree que estuvo el rey francés
Francisco I, hecho preso en la Batalla de Pavía. Uno
de los alcaides que tuvo la fortaleza fue el padre de Juan
Bravo, uno de los cabecillas de la revuelta popular, también
llamada comunera, contra el emperador Carlos I. Es un dato
poco conocido el que Juan Bravo era atencino, aunque por haber
casado y residido en Segovia ha sido tenido siempre por segoviano.
El caserío de la villa sufrirá importantes arreglos
a partir del siglo XVIII, siendo la mayor parte de los edificios
actualmente en pie de esa época. Hay que destacar que
en estos siglos, XVII y XVIII, el Cabildo de Clérigos
era el mayor propietario de tierras en Atienza.
Ya en el siglo XIX se verá seriamente afectada por
la Guerra de la Independencia. Fue cuartel general de El Empecinado,
por lo que los franceses se ensañaron con ella en varias
ocasiones, desvalijando las iglesias y saqueando las casas
para posteriormente incendiar gran parte la villa. También
en esta primera mitad de siglo se produjo un importante cambio
en la estructura administrativa y socio-económica de
Atienza. En 1833 y debido a la división provincial
proyectada entonces, aunque no comenzó a aplicarse
hasta mucho más tarde, la comarca de Atienza así
como algunos territorios adyacentes dejan de pertenecer a
la jurisdicción de Soria y son incluidas en la de Guadalajara.
Años después, la desamortización de Mendizábal
trajo consigo la venta de los bienes eclesiales así
como la privatización y roturación de los terrenos
comunales. Todo esto provocará una irremediable y progresiva
ruralización en Atienza. En esta época quedó
abandonado el convento de San Francisco, del que actualmente
solo nos queda algún que otro resto como el ábside
de estilo gótico normando de su iglesia al que se ha
adosado un edificio de moderna construcción.
Durante el siglo XX se acentuó más si cabe el
fenómeno de la emigración que ya había
comenzado tiempo atrás y que ya provocó a lo
largo de los siglos XVII y XVIII el abandono de varios pueblos
de su tierra como Vesperinas, Morenglos, Rejuelas o Valdelacasa.
Fue después de la última guerra civil cuando
cambió la fisionomía de la antigua Plaza de
los Olmos, actual Plaza de España, con la construcción
de la actual barbacana de piedra y la colocación de
la fuente dieciochesca que subieron desde su anterior emplazamiento
junto a la ermita del Humilladero. Los olmos desaparecerían
posteriormente víctimas de la grafiosis.
A pesar de todo ello, Atienza y su tierra han sabido conservar
su rica herencia que se refleja fielmente en los monumentos
y edificios civiles, religiosos y militares, así como
en el impresionante conjunto pictórico, escultórico,
orfebre, arqueológico y paleontológico que puede
ser admirado en sus museos. Una tierra de indudable encanto
y belleza, en la que se respira constantemente esa castellanía
que desprenden todos y cada uno de sus rincones y gentes.
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© Tierra de Atienza.
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